Homenaje a nuestros muertos

  • Brote Creativo por Noemí Jiménez

Una pequeña galería de fotos de Catrinas Click To Tweet

Viene una de las fechas más queridas en México, 2 de Noviembre, día de los fieles difuntos, popularmente conocida como “Día de Muertos”, aunque suene algo tenebroso o feo… para nada, nada que ver.

Esta fecha es especial porque es en honor a nuestros seres queridos que han partido o se nos han adelantado al cielo, pero estas fechas son días de fiesta, de color visual y olores, ofrendas que se ponen en homenaje a nuestros muertitos, las flores de cempasuchil, el olor a incienso. La gente se maquilla de Catrina, te comparto unas Fotos que hice a unas Catrinas en el centro de Coyoacán ya unos años atrás.

Yo, voy a poner como cada año su altar a mi mamá, ella me enseño esta tradición de poner altar, se lo poníamos  a mi abuelita Cele y aunque sea chiquito, esta para que lo visite.

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Día de muertos, colorida y olorosa tradición méxicana Click To Tweet

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¿No me da mi calaverita? por las calles en voces de niños Click To Tweet

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¿Quieres saber más de esta tradición?  Te traigo un texto con más explicación del portal de la CDI “Comisión Nacional para el desarrollo de los pueblos Indigenas” y puedes consultar más AQUÍ

Dos de las celebraciones más importantes de México se realizan en el mes de noviembre. Según el calendario católico, el día primero está dedicado a Todos los Santos y el día dos a los Fieles Difuntos. En estas dos fechas se llevan a cabo los rituales para rendir culto a los antepasados.

Es el tiempo en que las almas de los parientes fallecidos regresan a casa para convivir con los familiares vivos y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares domésticos.

La celebración del Día de Muertos, como se le conoce popularmente, se practica a todo lo largo de la República Mexicana. En ella participan tanto las comunidades indígenas, como los grupos mestizos, urbanos y campesinos.

Según la creencia del pueblo, el día primero de noviembre se dedica a los “muertos chiquitos”, es decir, a aquellos que murieron siendo niños; el día dos, a los fallecidos en edad adulta. En algunos lugares del país el 28 de octubre corresponde a las personas que murieron a causa de un accidente. En cambio, el 30 del mismo mes se espera la llegada de las almas de los “limbos” o niños que murieron sin haber recibido el bautizo.

El ritual de Día de Muertos conlleva una enorme trascendencia popular, su celebración comprende muy diversos aspectos, desde los filosóficos hasta los materiales…

Los Fieles Difuntos, en la tradición occidental es, y ha sido un acto de luto y oración para que descansen en paz los muertos. Y al ser tocada esta fecha por la tradición indígena se ha convertido en fiesta, en carnaval de olores, gustos y amores en el que los vivos y los muertos conviven, se tocan en la remembranza.

El Día de Muertos, como culto popular, es un acto que lo mismo nos lleva al recogimiento que a la oración o a la fiesta; sobre todo esta última en la que la muerte y los muertos deambulan y hacen sentir su presencia cálida entre los vivos. Con nuestros muertos también llega su majestad la Muerte; baja a la tierra y convive con los mexicanos y con las muchas culturas indígenas que hay en nuestra República. Su majestad la Muerte, es tan simple, tan llana y tan etérea que sus huesos y su sonrisa están en nuestro regazo, altar y galería.

Hoy también vemos que el país y su gente se visten de muchos colores para venerar la muerte: el amarillo de la flor de cempasúchil, el blanco del alhelí, el rojo de la flor afelpada llamada pata de león… Es el reflejo del sincretismo de dos culturas: la indígena y la hispana, que se impregnan y crean un nuevo lenguaje y una escenografía de la muerte y de los muertos.

En estas fechas se celebra el ritual que reúne a los vivos con sus parientes, los que murieron. Es el tiempo trascendental en que las almas de los muertos tienen permiso para regresar al mundo de los vivos.

La ofrenda que se presenta los días primero y dos de noviembre constituye un homenaje a un visitante distinguido, pues el pueblo cree sinceramente que el difunto a quien se dedica habrá de venir de ultratumba a disfrutarla. Se compone, entre otras cosas, del típico pan de muerto, calabaza en tacha y platillos de la culinaria mexicana que en vida fueron de la preferencia del difunto. Para hacerla más grata se emplean también ornatos como las flores, papel picado, velas amarillas, calaveras de azúcar, los sahumadores en los que se quema el copal.

¡Termine de hacer este post y me ha caído el veinte… se acaba el año!

 

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